Mostrando las entradas con la etiqueta Fantasías. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Fantasías. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de febrero de 2009

Hielo

Entro con miedo a una caverna gigantesca, donde veo grandes estalactitas. Dentro de ella, luces de colores me dan la bienvenida, presentan un espectáculo atractivo, galante. Jamás había visto algo así en mi vida.

Al acercarme, noto que es sólo hielo en la pared, duro e inquebrantable. La caverna se cierra y la magnífica vista termina, donde quedo atrapado, muriéndome de frío y ciego.

lunes, 5 de enero de 2009

Ciprés, Sep. 13 2000

La arena hace formas que ni siquiera Dios sabe que significan. Son caprichos que nadie conoce y no se toman la molestia de descubrir.
En ese escenario te muestras plena, lista para contarme los secretos que atesoras desde el momento que me conociste.
Vamos caminando por veredas perdidas, entre juncos dispersos en la playa; me muestras el tatuaje que tienes en el brazo, me explicas su significado pero lo olvido, me reprendo por eso.
Justo cuando me estás contando de la ocasión en la que casi te intoxicas por tomar una dosis más alta de clonazepam, volteo a verte y ocurre el incidente:
—No me gusta el aspecto de esto—me dices.
—Es que esto no es nada, apenas está empezando a ser algo—respondo, sorprendido de la franqueza de la situación.
—¿Seis meses y no es nada?
—Hemos salido algunas veces, cogido otras, nada importante—sigo sin reconocerme.
Me volteas a ver y yo espero un golpe, una cachetada. Pero no.
—Tienes razón, no ha sido nada.
Congelé esa imagen con el frío que usé para sepultar algo que pudo ser maravilloso.

domingo, 19 de octubre de 2008

Siempre presente.

Te he visto a los ojos tres veces en mi vida:
Estuviste a los pies de la cama de mi abuela hace veinte años, la cubriste con tu manto y le cerraste los ojos, fuiste compasiva pero implacable.
Lanzaste por la ventana a Liliana; echaste por la borda secretos que lastimaban su cuerpo y el futuro de un ser luminoso.
Visité la oscuridad de tu reino de forma breve, pasé cinco días habitando la oscuridad de un cuarto de hospital inconsciente, navegando entre la línea del mundo imaginario y el real.
Por un momento pensé que después de todo esto me importaría poco tu irremediable presencia al final de mis días, sin embargo tiemblo al oir tu nombre.
Al final, solo tú tienes la última palabra, soy el siervo que obedece tu mandato, y acudiré a tu llamado justo como lo hace todo el mundo: con mis experiencias en una mano, y con mis omisiones en la otra. Seremos uno al fin, me quitarás el miedo y tendré quietud.

martes, 14 de octubre de 2008

Prueba 1



Cuando la tierra era una, cuatro reyes dominaban al mundo. Tres hombres y una mujer. Los tres peleaban el planeta en diversas guerras, molestaban a sus pueblos esperando conquistar uno sobre otro. La mujer solo veia el espectáculo, esperando el momento en el que alguno de los tres monarcas quisiera llegar y tomar lo que era de ella.
   Cada uno intentó llegar a lo que hoy es Asia, para invadirla; y ella, desesperada, rezó para saber cuál sería el destino de su pueblo, rezó para saber si podría hacer algo para evitar su destrucción a manos de los pueblos contrarios. Encontró respuesta en el dios supremo (si, en minusculas, porque nadia ha sabido si dios verdaderamente es tan grande como dicen). Le dijo:
—Si quieres que tu pueblo se salve, colócate en el monte más alto de la región y medita hasta que tus sentidos se nublen, hasta que tu sangre se congele, hasta que tu alma salga del cuerpo en el que habita.
   La mujer se llenó de miedo, pero decidió hacer lo que le decía la gente. Subió entonces al cerro más alto que se llamaba Kekeit, y se sentó a esperar la muerte, teniendo siempre en mente a su pueblo.
   Al llegar la muerte a la mujer, su cuerpo se desintegró en un polvo finísimo que bajó hasta el centro de la tierra. Todo esto provocó fisuras en el centro del planeta y obligó a las placas tectónicas a moverse en velocidades record. El mundo cambió de forma en cuestión de horas, haciendo imposible para los reyes beligerantes llegar hasta el reino que protegía.
   La compasión de la reina fue tan grande que protegio a su pueblo sin derramar una sola gota de sangre enemiga. Hoy la reina Tara trabaja para brindar compasión donde ya no existe, donde más se necesita.

domingo, 11 de mayo de 2008

Luna


Recuérdame que la próxima vez que tenga la luna entre mis manos no la deje escapar, son tan pocas veces las que tengo la oportunidad de tener un cachito de luz fría capturada entre los dedos que debo atesorar cada momento.

martes, 29 de abril de 2008

Al final...

He regresado al punto del que emprendi este viaje,
he visto tantas cosas, visitado tantos lugares...
que lo único que quiero en la vida es descansar en el árbol más cercano.

Todo lo que tenía que hacer está guardado en estos ojos,
mantenido dentro de la máquina que hace girar mi existencia.

Seguro que algún día desenpolvaré todo lo que poseo y lo expondré
a mis nietos, a las personas que se interesen en la vida de un hombre
que vivió mucho, que vivió bien.