lunes, 14 de diciembre de 2009

Dos planos

Dos planos

La imagen

Si me pides la definición de trabajo honesto te diría lo que mamá decía: “mientras no robes ni le hagas daño a nadie”...

El placer no causa daño, es simplemente el escape hacia mundos de terciopelo y oxígeno. ¿Y escape de dónde? De lugares que exigen la fuerza extrema de tu voluntad a cada momento.

Por eso me doy cuenta de que el mío es un trabajo honrado. Porque robarle a la realidad pedazos de dolor es algo que la gente debería agradecer; y lo único que tengo que hacer es volcar mi imagen en papel.

La desnudez es el estado más polémico que Dios nos regaló. La extrema naturalidad causa tanto gozo en el ser humano que es necesario ocultarlo, atacarlo; incluso condenarlo para no hundirnos en el abismo del placer idiotizante.

Quien la captura

La cámara traduce en imágenes la luz distorsionada en el choque de un cuerpo sin ropa. Mis dedos sudan con la lente entre mis manos; testigo sin vida de la impúdica creación divina.

La dueña de las condiciones afrodisíacas no se inmuta. Se sabe plato de segunda mesa, e irónicamente lo disfruta. Cree que posee poder sobre la lente, sobre la luz, sobre mí, y no es más que un burdo pasaje que se dibuja así mismo.

El texto que acompaña a las fotos está diseñado para que las mentes vuelen en espacios conocidos de sobra; donde el libido masculino se siente libre para vagar, sustituir momentáneamente la realidad que le pertenece, y al mismo tiempo desprecia. El chiste de todo es robar momentos al tiempo y cambiarlo por algo nuevo, mejor.

Después de todo, la honestidad de este trabajo, de la vida, es absolutamente relativa.

1 comentario:

Bárbara Rojas dijo...

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